Posts Tagged Mrozek

Lenguaje género II

Una nueva mirada a la pespectiva de género

a cargo del escritor polaco Slawomir Mrozek

<<No, no diré “señoras y señores” como solía decirse hasta hace poco. No voy a comenzar mi discurso de forma tan anticuada, ya que aquí se hablará del futuro, es decir que partiremos desde el día de hoy, del presente contemporáneo eludiendo con sumo cuidado los viejos vicios. Las diversificaciones, variaciones y diferenciaciones pertenecen ya hoy en día al pasado y
entre ellas está las diferencias de sexo. Además esto me permitirá evitar cierta incomodidad o incluso problemas. Pues, aun en el caso de que quisiera seguir con esta lamentable y por otra parte infundada diferenciación entre mujeres y hombres, tampoco podría hacerlo de otro modo que no fuera mencionando primero a las mujeres y después a los hombres como era la vieja costumbre, o primero a los hombres y después a las mujeres lo cual verdaderamente nunca había sido una costumbre. Porque el carácter lineal de nuestra habla humana, el hecho despiadado de que no podamos pronunciar dos palabras al mismo tiempo, sino que tengamos que pronunciarlas una después de otra, hace que una de estas palabras tenga que articularse primero y la otra después, o bien la segunda primero y la primera después, con lo cual la segunda pronunciada en primer lugar se convertirá en este caso en la primera. Pero, que pasaría si, llevado por la vieja costumbre, mencionase a las mujeres en primer lugar, es decir, si comenzase mi conferencia con el tradicional “señoras y señores”? No es difícil preverlo. Pues algunas personas aquí presentes, las que antes solían ser diferenciadas de las demás personas con el nombre de señoras, se sentirían molestas. Y porqué? Porque al darles un trato preferente sería acusado sin duda de ser cortés y de practicar un proteccionismo paternalista. O sea de sentirme superior, pues retirarse conscientemente a un segundo plano, comportarse con cortesía, sólo puede hacerlo alguien que cree podérselo permitir por ser superior. Así que Dios me libre de mencionar en primer lugar a las señoras y segundo a los señores, aun queriendo cometer ese terrible error de diferenciar. Bajo la apariencia de cortés daría prueba de un sentimiento de superioridad por el otro sexo, lo cual me expondría a su indudable y justa indignación. Pero este mismo Dios me libre también de mencionar a los señores en primer lugar y las señoras en segundo. Porque entonces, y ya sin lugar a enmascaramiento alguno, o sea, por así decirlo, sin la tapadera de la cortesía, de una forma directa y no solapada, daría prueba de un sentimiento de superioridad. Por suerte ya no tengo de que preocuparme, pues el dilema aquí expuesto está superado y las presentes divagaciones tienen solamente carácter de estudio histórico cuyo objetivo consiste en mostrar el horror en que vivíamos cuando diferenciábamos y en dar cuenta del camino de progreso ya recorrido, a fin de que podamos apreciar mejor, las personas aquí presentes, del día de hoy. Y con ello abrigar la esperanza todavía mas fundada de que el futuro, que será el tema de la presente conferencia nos depare un alivio aún mayor. Sólo me queda añadir, para concluir esta introducción y alejar cualquier tipo de suspicacia, si es que las alimentan todavía con respecto a mi aquellas personas que antes eran llamadas “mujeres”, que en la primera catástrofe marítima, aérea o terrestre en que me vea implicado, repartiré patadas indiscriminadamente a todas aquellas personas que se encuentren entre mi y el bote salvavidas o cualquier otro medio de salvación. Les aseguro que apartaré a empujones y pisotearé sin hacer ningún tipo de distinción entre hombres y mujeres, de acuerdo con el principio de que tales diferencias no existen>>. Slawomir Mrozek

Dejar un comentario

Inteligencia emocional o instinto de supervivencia?

Hablando de reptiles y de repensar las cosas, fue inevitable acordarme de un relato de Slawomir Mrozek, titulado “Un europeo”, el cual transcribo a continuación. Aunque es un poco largo, se que con la primera frase uno queda enganchado…. voy a “etiquetarlo” en los chistes de gestión…ja ja ja!!!
dscf97681Rodrigo

 

 

 

“Cuando el cocodrilo entró en mi dormitorio pensé que tampoco había que exagerar. No me refiero al cocodrilo sino a mi mismo. Ya que mi primer impulso fue alcanzar el teléfono y marcar los tres números de urgencias: policía, bomberos y ambulancia. Pero justamente semejante reacción me pareció exagerada. Puesto que soy un europeo educado en el espíritu cartesiano, siento repulsión por los extremismos, pienso de un modo racional y no sucumbo a impulsos de ningún tipo sin haberlos analizado previamente.
Así que me cubrí la cabeza con el edredón y emprendí un trabajo mental.
Primero-determiné-la aparición de un cocodrilo en mi dormitorio es un absurdo y, según el pensamiento lógico, el absurdo sirve sólo para ser excluido del razonamiento ulterior. O sea que no había ningún cocodrilo. Tranquilizado con esta conclusión, asomé la cara por debajo del edredón, gracias a lo cual logré ver como el cocodrilo cortaba de un mordisco el cable del aparato telefónico, ya anteriormente devorado por él. Incluso en el caso de que alargando la mano a través de sus fauces hasta el estómago consiguiera marcar uno de los números de urgencias, la comunicación ya estaba cortada.
Decidí acudir a la cabina telefónica mas próxima para avisar al pertinente departamento de telecomunicaciones sobre el fallo de mi teléfono particular, lo cual me permitiría, tras la eliminación del fallo por un equipo de especialistas, ponerme en contacto con la institución competente en materia de retirar cocodrilos. Sin embargo, como hombre civilizado que soy, no podía salir a la calle en pijama, y el cocodrilo, justamente, acababa de engullir mis pantalones. Por supuesto no eran los únicos pantalones de los que yo disponía . A pesar del insuficiente, en mi opinión, crecimiento del nivel de vida, en mi armario había unos cuantos pantalones. Por desgracia, los que tenía intención de ponerme, pues combinaban mejor con la americana Yves Saint Laurent, no se encontraban en el armario, sino en la tintorería. Y donde estaba el comprobante de mi identidad como dueño de aquellos pantalones, documento sin el cual resultaría imposible retirarlos de la tintorería? Me puse a buscar el comprobante cojeando un poco, ya que mientras tatno el cocodrilo había devorado una de mis piernas. No hice caso de la pierna, pues iba creciendo en mi la preocupación por los pantalones. Justamente estaba a punto de devorarme la otra pierna, cuando adiviné la terrible verdad: el cocodrilo había devorado el comprobante de la tintorería y nunca mas recuperaría mis pantalones.
Estrangulé a la bestia con mis propias manos. reconozco haber actuado con brutalidad y, lo que es peor, bajo la influencoa de una emoción incontrolable. Reconozco que en lugar de confiar en las instituciones constitucionales actué por mi cuenta. Pero ! comerse un comprobante de la tintorería! hay situaciones en las que la defensa de la civilización requeire faltar a las normas civilizadas.”

Comments (1)