Archive for Salud Pública Colombia

QUIEN CONDUCE LA AMBULANCIA FUNEBRE EN EL PASEO DE LA MUERTE?

“Avatares de plastilina
de la fragua de Dios.
Con las manos arriba
y los pantalones abajo”
dscf97683Rodrigo Sarmiento

Colombia es un país de paradojas y el sector salud no está exento de ellas. Un sistema de predominio privado donde las empresas aseguradoras se han capitalizado posicionándose como las de mayores beneficios en los últimos años, mientras las instituciones públicas prestadoras del servicio caminan en la cuerda floja de la bancarrota. O para plagiar a Zenón de Elea: el Aquiles de la cobertura universal y la tortuga de la accesibilidad al servicio.
En este momento voy a dejar de lado la bucólica zona rural carcomida por el conflicto, Eureka! y me voy a concentrar en las ciudades, donde se presenta un fenómeno que ha sido titulado el paseo de la muerte. Este tour de force consiste en hacer circular a un paciente por diversos centros asistenciales hasta que es atendido, ya que hay hospitales que no tienen contrato con determinadas aseguradoras debido a los complicados modelos de contratación que tiene el sistema . De esta manera un paciente con patología de urgencia no tiene garantizado el acceso a un tratamiento oportuno, presentándose en muchos casos desenlaces fatales o peores pronósticos.Así, el vigilante del hospital y la señorita de “atención al usuario” de medidas 90-60-90 son los encargados del triage. Recuerdo que en las últimas elecciones un funcionario público fue nombrado jurado de votación; durante los comicios sufrió un episodio de síncope, siendo trasladado al hospital mas cercano, pero Murphy es implacable y en ese sitio su aseguradora no tenía contrato con lo cual el vigilante actuó de cortina de hierro y no lo dejó pasar……..requiescat in pace.
Ahora bien de quien es la culpa? los hospitales están sin recursos porque han realizado y facturado servicios que las aseguradoras no les han pagado. Las aseguradoras siguen las (y me van a perdonar la expresión en esta época de bancos zombie) lógicas del mercado y están algo blindadas por la ley. El ministerio de Protección Social (no es una paradoja, así se llama) no se interesa por la regulación del sistema de salud, además para que va a hacerlo, total los muertos no hablan!!!
No soy un abanderado del lema “el cliente tiene la razón”, considero que el paciente también tiene deberes y se debe corresponsabilizar para la “gestión de su salud”, pero hay situaciones como ésta-que además afecta a los mas vulnerables-, que no se deberían tolerar. Estos no son clientes sino pacientes, sentados en la silla eléctrica de la inequidad, en la lista de espera del infierno o el purgatorio (sólo a Job se le reservó el paraíso) y con la camisa de fuerza de la paciencia.

Rodrigo

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LLUVIA TOXICA

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Quiero añadirle pimienta al tema de los herbicidas expuesto en la revista de prensa, con un producto prohibido en EEUU denominado glifosato, que de manera altruista está incluido en el “paquete de ayuda” al gobierno colombiano y se está utilizando en las aspersiones aéreas para reducir los cultivos de coca y amapola. Los científicos confirman la inocuidad de este químico (el 50% de los estudios los realizaron investigadores de Monsanto); no obstante he sido testigo ocular de este bombardeo relámpago y me persigue un fantasma que no he podido exorcizar. Me remito pues, a la bitácora de mi viaje por la vida: “Los frailejones se desperezaban, la gente de páramo corría acuciosa hacia el sembrado de amapola, un sol cansino despuntaba en el horizonte. Las actividades médicas habían terminado, los caballos relinchaban ante la maratónica jornada que les esperaba. En ese instante el rugido del dragón de hierro, nos cubrió con su vaho en una niebla espesa, estranguladora y lacrimógena. Instantes después, con la camiseta de máscara antigas, observé a una mujer de cara en el barro y simultáneamente convoqué al resto del equipo, pero al llegar hasta ella vimos que los buitres se nos habían adelantado. Tras maniobras de resucitación infructuosas, la familia se negó a la necropsia, con una astilla incrustada en el corazón:’ya sabemos de que se murió’. Nos regresamos entre riscos abismales, con los ojos vidriosos y un silencio sepulcral.”

Este tipo de blitzkrieg es usado sistemáticamente, afecta a los cultivos “lícitos”, contamina los ríos y erosiona la tierra, aunque paradójicamente las plantaciones de coca se han incrementado en 27% en el último año según la ONU. Los estudios de genotoxicidad han encontrado daños en células humanas, aunque los resultados no han sido concluyentes. No hay estudios en cohortes humanas sobre el impacto de las fumigaciones, pero es probable que afecte la salud física y la seguridad alimentaria, además de contribuir a la contaminación ambiental. No quiero caer en el maniqueísmo, pero, no es esto un arma química?, y lo que es peor no es un arma autoinmune?

La salud pública tiene que empezar a librar esta batalla. No sólo hay vidas humanas en juego….. uno de los pulmones del mundo (Colombia) está siendo consumido por este cáncer.

dscf97683Rodrigo

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Medicos y conflicto armado

Un caso ‘caliente’ de la situación de los médicos en el conflicto colombiano que está en los medios de prensa en estos días….juzguen por ustedes mismos

dscf97682Rodrigo

 

 

“Llega el 8 de febrero y el médico Luis Alfredo Moreno García recuerda desde su celda fría, en el pabellón de máxima seguridad de La Picota, lo que sucedió hace un año en esa misma fecha: a las 6 de la mañana miembros del CTI allanaron su casa y la voltearon patas arriba en busca de evidencias que comprobaran sus nexos con las Farc. “Yo, nexos con la guerrilla, ¡yo no soy un terrorista!, sólo soy un médico que cometió un error”, repite una y otra vez este ortopedista, deportólogo y traumatólogo de Colsánitas que durante sus 18 años de carrera ha recibido en su consultorio a los futbolistas y tenistas más reconocidos del país.

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Moreno, de 48 años de edad, creció en una familia de médicos en Bogotá. Es padre de dos adolescentes y de un bebé. Dentro del gremio es reconocido por ser uno de los más preparados en su rama y, antes de entrar a la cárcel, no sabía de otra cosa que de medicina, de su familia y del Independiente Santa Fe.

Hoy, a punto de cumplir un año en prisión, recuerda por qué está ahí.

En noviembre de 2003, un anestesiólogo amigo suyo lo invitó a una brigada de salud en Meta. Le pagaban dos millones y medio de pesos por ir un fin de semana a algún sitio del departamento para curar unos enfermos.

Viajó hasta Villavicencio, luego a La Macarena y ahí una mujer los condujo a él y a su amigo hasta una vereda remota en la que había un campamento de las Farc. “¿Y esto qué es?”, le preguntó Moreno a Alejandro Rico, el anestesiólogo que lo había invitado a la jornada y le había pagado.

Decenas de muchachos de camuflado o en sudadera, con brazaletes de las Farc y con fusil al hombro, que se encontraban heridos, fueron atendidos por ambos médicos. “Hice varios procedimientos a personas que ya habían sido intervenidas. Por ejemplo, había uno al que le habían hecho una especie de cirugía, pero la herida se infectó y yo lo que hice fue retirar el tejido muerto que quedaba”, recuerda Moreno mientras toma el sol en uno de los corredores de la cárcel.

Entonces comenzó su suplicio. Dice Moreno que a su regreso a Bogotá no quería saber nada del tema. No le contó a su familia, ni a las autoridades, ni a un amigo. Se sintió engañado y prefirió echar el asunto en el olvido. Dice que tuvo miedo, que le faltó valor para denunciar y que temía por la seguridad de él y la de su familia.

Pero a las tres semanas llegó una segunda invitación. El mismo anestesiólogo le dijo a Moreno que debían volver a Meta, pues las Farc necesitaban nuevamente de sus servicios. Esta vez, asegura, fue la amenaza la que lo obligó a ir. Asegura que no puede confirmar que haya sido exactamente el mismo lugar en el que estuvo por primera vez, pero que el procedimiento fue igual. Durante un fin de semana recomendó algunas medicinas, revisó heridos, practicó pequeñas cirugías e inmovilizó pacientes.

Nuevamente en Bogotá, Moreno García estaba hecho un manojo de nervios. “Muchas veces estuve tentado a contarle mi caso a la Policía. De hecho, una vez prendí el carro y me fui directo al DAS, pero cuando estaba llegando me devolví, no fui capaz de hablar, me faltó valor para contar mi caso”, dice.

El dilema

El año 2004 fue tranquilo. Pero a finales del año siguiente, el Departamento de Estado de Estados Unidos le cobró lo que había hecho en Meta: en una carta le anunciaban el retiro de su visa porque era un terrorista. Después le quitaron la visa a uno de sus hijos.

Esto lo obligó a contarles todo a su familia, a un amigo, y de inmediato comenzó a averiguar en la Fiscalía y en el DAS si había investigaciones en su contra. Pero le dijeron que no había nada. Pasó el tiempo y entre la zozobra y el miedo llegó el 8 de febrero de 2008, cuando las autoridades esculcaron su casa tras las pistas de las Farc. Y detuvieron también al anestesiólogo Rico.

Moreno se enteró entonces de que Matilde Jaramillo García, alias ‘Marta’, ex jefe de logística del primer frente de las Farc durante cinco años, lo había delatado. Ella entregó una foto donde aparece el ortopedista en el aeropuerto junto con una guerrillera y declaró que ambos galenos habían ido libremente a curar a sus compañeros. Aunque por ambas jornadas el ortopedista dice no haber recibido más de cinco millones de pesos, la desmovilizada asegura que recibieron 20 millones cada uno y que además conocieron personalmente al ‘Mono Jojoy’.

En los corredores de la Clínica Reina Sofía, al norte de Bogotá (donde trabajaba Moreno), en Facebook, en reuniones de traumatólogos, deportólogos y ortopedistas, esta historia ha sido tema obligado de discusión. La mayoría de los médicos apoya a Moreno García. Dicen de él que es una persona íntegra, honesta, dedicada a su trabajo, que pecó por ingenuo, por falta de carácter, y que tal vez cometió un error al no denunciar ante las autoridades su caso.

Pero otra cosa dice la justicia. “Hubo dolo (mala intención) y conciencia de la infracción, ya que pusieron sus conocimientos al servicio de un grupo subversivo. Ellos sabían para qué iban, a dónde iban, con quién iban, en qué zona se metían”, dice la investigación sobre los profesionales.

Moreno terminó acusado de rebelión por colaborar con la red de apoyo logístico de las Farc y está a la espera del juicio. “La verdad es que yo soy un chivo expiatorio del conflicto. Soy un enemigo completo de la lucha armada. No sé por qué la Fiscalía se ensañó conmigo”, dice.

Si bien Moreno cuenta con la solidaridad de su gremio, que argumenta que ante todo la misión de un médico es salvar vidas como lo dicta el juramento hipocrático que hace todo galeno al terminar sus estudios, en las circunstancias que rodearon las consultas de Moreno a las Farc, hay varios aspectos que hacen más delicado el análisis de su situación.

Por un lado, Moreno desconoció su deber ciudadano de reportar lo sucedido a las autoridades. No es claro siquiera que lo hubiera hecho aun después de que le quitaron la visa cuando ya había señales de que algo marchaba mal con sus actuaciones. También recibió el dinero de la guerrilla. Sin objetar el origen ilícito del mismo, lo consignó y lo asumió como el justo pago de su trabajo. Además de esto, repitió su aventura.

Sin embargo, cada uno es dueño de su propio miedo y no hay duda de que su denuncia le hubiera acarreado una persecución por parte de la guerrilla. Un riesgo latente sobre él y su familia, sin tener certeza de la capacidad del Estado para protegerlos. “El pago no deslegitima el carácter humanitario de una acción médica. Si la persona que atiende el médico es criminal, pues que la Policía o el Ejército lo capturen, esa es su función”. asegura Jorge Merchán Price, médico cirujano y director del movimiento Médicos Azules, que aboga principalmente por la defensa de la vida bajo cualquier circunstancia.

Aunque según la normatividad nacional y los tratados internacionales los profesionales médicos están protegidos por el secreto profesional, hay reglas que no se pueden violar. Por ejemplo, cuando un médico transforma las facciones de una persona, o cambia las huellas dactilares de alguien para infringir la ley, es cómplice del delito.

Por otro lado, una enfermera o un cirujano que asiste a una persona que está herida por arma de fuego, que haya sido víctima de un artefacto explosivo o haya sido atacada con arma cortopunzante, debe reportar el caso ante las autoridades, lo que se conoce como “dar la noticia criminal” para que se investigue el caso. Y si recibe dinero proveniente del narcotráfico o de una organización ilegal por un servicio médico, esto puede tener consecuencias penales.

Hoy, el médico Luis Alfredo Moreno García está a la espera de que la Corte Suprema de Justicia le resuelva una tutela que interpuso en diciembre para que le otorguen la detención domiciliaria, negada por un fiscal que determinó que el médico constituía un peligro para la sociedad.”

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